viernes, 4 de mayo de 2018

Aceite de palma: continúa la deforestación en Indonesia

Productores de aceite de palma siguen deforestando la selva tropical de Indonesia. Y, ¿a que no adivinas de qué grandes marcas internacionales son proveedores? Efectivamente, son nuestros viejos ‘amigos’ Nestlé, Unilever, PepsiCo y Mars, a los que llevamos más de una década escuchando decir que quieren limpiar su cadena de suministro de aceite de palma. Se ha descubierto que alrededor de 4.000 hectáreas de selva tropical han sido deforestadas en la provincia de Papúa, Indonesia. Esto significa que, después de destruir gran parte de las selvas tropicales de Sumatra y Kalimantan, la industria del aceite de palma se está expandiendo hacia nuevas fronteras forestales como Papúa. Lo peor de todo es que se trata de un área protegida por el gobierno de Indonesia tras la devastadora ola de incendios forestales de 2015, en la que está prohibida la conversión de bosques en plantaciones. Se lleva años denunciando la destrucción de las selvas de Indonesia, conocidas como ‘Bosques del Paraíso’ por albergar dos de las terceras partes de la biodiversidad de toda la Tierra. Son el hogar de especies tan increíbles como la rana voladora, el rinoceronte de Sumatra y Java o el orangután, cuya población en la isla de Borneo se ha reducido a la mitad en los últimos 16 años y la especie entera se encuentra en peligro crítico.

jueves, 26 de abril de 2018

¡No más plásticos en nuestra comida!

¿Sabías que cada minuto llega a los océanos el equivalente a un camión de basura? Esto supone que cada año, más de un millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueran a causa de los plásticos que se encuentran en su hábitat natural. Pero mientras nuestro medio ambiente se ahoga, los supermercados se empeñan en seguir añadiendo capas y capas de plásticos innecesarios a nuestros alimentos. ¿Acaso no tienen ya las frutas y verduras su propia capa? Durante demasiado tiempo nos han obligado a consumir envases de plástico en nuestras compras, contándonos que reciclando podemos solucionar el problema. Pero sabemos que más del 90% del plástico que consumimos no se recicla.

miércoles, 11 de abril de 2018

El cachalote que murió por una indigestión de plásticos

Otro animal más ha muerto por culpa de los plásticos en los océanos. La desaparición de un ejemplar de esta especie tan vulnerable es solo un ejemplo de lo que nuestra basura le está haciendo al planeta. Esta vez ha sido en Cabo de Palos, Murcia, donde a finales de febrero apareció un joven cachalote varado. Tras realizarle la necropsia, se ha confirmado que murió a causa de los plásticos que tenía en el estómago. En total, 29 kilos de plásticos que el animal no pudo digerir, causándole graves impactos en el aparato digestivo y que finalmente acabaron con su vida: bolsas de basura, trozos de redes, cabos y ¡hasta un bidón! La ingesta de plásticos por la fauna marina no es nada nuevo. De hecho, en las últimas décadas se ha informado de multitud de casos en tortugas, cetáceos, tiburones, peces y aves. En 2013 otro cachalote fue encontrado en la costa de Granada con 18 kilos de plásticos en su estómago que le habían causado una ruptura gástrica, provocándole la muerte. La producción y el consumo de plásticos sigue aumentando cada año a un ritmo alarmante. Y como consecuencia, su impacto sobre el medio ambiente. Se estima que hasta 12 millones de toneladas llegan a los océanos cada año o el equivalente a un camión de basura cada minuto. Esta invasión de plásticos ahoga los ecosistemas, provoca daños a la fauna, que los confunde con sus presas naturales, como calamares o medusas, y entra en la cadena alimentaria, afectando al ser humano al consumir pescado y marisco que haya ingerido plásticos.

miércoles, 14 de marzo de 2018

LOS OCÉANOS SE ASFIXIAR

Los océanos se asfixian
Paseo por la playa y me topo con un tapón de plástico. Nado en el mar y veo en el fondo una botella de plástico entre rocas. ¿Te suena? Si tienes la suerte de estar de vacaciones en algún lugar con playa, seguro que has visto esta imagen tan común. Los océanos están invadidos por plástico. En las playas, en las rocas, flotando en el agua, en el fondo marino. Incluso los cuerpos y estómagos de las especies marinas, grandes y pequeñas, se están llenando de bolsas, tapones, pajitas y trocitos varios de plástico de mil colores. La producción de plástico está fuera de control y no para de crecer, y ni el medio ambiente ni los océanos lo pueden digerir. Cada vez somos más conscientes de que tenemos un problema. Y quizás por eso desde algunos lugares ya están empezando a llegar buenas noticias. Reino Unido acaba de prohibir los microplásticos en los cosméticos: esas diminutas bolitas que se encuentran en exfoliantes, geles, pastas de dientes o cremas limpiadoras y que, al ser tan pequeñas, no pasan por el filtro de las depuradoras y van directamente a los cursos de agua y a los océanos, donde pasan a incorporarse a la cadena alimentaria.

viernes, 15 de septiembre de 2017

La peor cara del cambio climático

El devastador huracán Irma ha arrasado esta semana las islas del Caribe y Florida, dejando a su paso fuertes inundaciones, decenas de muertos y millones de hogares sin luz. Se trata del mayor huracán registrado en aguas atlánticas (sin incluir el golfo de México y el Caribe). Irma llega después del huracán Harvey en el sur de Estados Unidos y la devastación del ignorado monzón en el sur de Asia, que ha dejado más de 1.200 muertos. Más cerca, en Italia, fuertes lluvias torrenciales también han dejado varios muertos. Mientras tanto, en nuestro país leemos titulares como “España sufre la peor sequía de los últimos 20 años” o “Los embalses españoles están al 43% de su capacidad”. Pero, ¿está el cambio climático detrás de esto que estamos viendo? La respuesta es sí. Los científicos ya nos lo habían advertido, pero cuando llegaba la hora de actuar para prevenir el problema, entonces y ahora se siguen poniendo por delante los intereses políticos y económicos para no actuar con la contundencia necesaria. El cambio climático no ha provocado directamente el huracán Irma, ni el Harvey, ni cualquier otro huracán, pero sí los ha hecho más fuertes y aumenta las posibilidades de que estos fenómenos sean cada vez más drásticos y peligrosos. Irma no será el último, lamentablemente. Donald Trump, el presidente negacionista que hace meses abandonaba la lucha contra el cambio climático y retiraba a Estados Unidos del Acuerdo de París, ha declarado Florida “zona catastrófica”, mientras que Houston, Texas, sigue drenando el diluvio de Harvey de hace apenas unas semanas. Pero el cambio climático no puede ser un debate político. La realidad que estamos viendo es que el cambio climático cuesta vidas humanas, y el hecho de negarlo o no hacer nada lo pagan con su vida poblaciones enteras, especialmente aquellas en situación de gran vulnerabilidad.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Entiende el Sistema Gasista

El gas natural es la segunda fuente de energía primaria en España y la tercera en consumo de energía final. En la primera categoría sólo es superado por los productos petrolíferos, mientras que en la segunda lo es también, por poco, por la electricidad. Esto se debe a que, si bien es cierto que el petróleo es fundamental en el transporte, y la electricidad lo es en el consumo de energía final en hogares e industria, el gas natural se ha abierto hueco en los últimos años en el mix energético español, tanto a través del acceso a nuevos núcleos de población, donde se utiliza principalmente para calefacción doméstica, como por la masiva instalación de centrales de ciclo combinado en el sector eléctrico. Así, según la patronal del sector, Sedigás, la industria del gas representa el 0,5% del PIB español y emplea a 150.000 personas de forma directa e indirecta. A pesar de ello, el conocimiento del público general sobre el sistema gasista español está muy por debajo del relativo al sistema eléctrico. Esto se debe sin duda a múltiples motivos, uno de los cuales es probablemente que el sector eléctrico es la punta de lanza del cambio de modelo energético: es el primer sector en que el cambio es posible hoy, con las energías renovables jugando un papel fundamental, y sobre los detalles de este papel fundamental está el debate: ¿qué tecnologías contaminantes (ya sean emisiones de gases a la atmósfera o elementos radiactivos) serán desplazadas primero y quién pagará de facto los costes? ¿estarán las centrales productoras en manos de ciudadanos autoconsumidores, de cooperativas o de empresas del oligopolio? Y, más en general, ¿servirán para democratizar el sistema eléctrico o para perpetuar su estructura actual? Sobre la respuesta a esta pregunta, que no es menos política que técnica, está teniendo lugar una batalla encarnizada, cuyo resultado se plasma cada cierto tiempo en el BOE, pero que llega casi a diario a la opinión pública. Esto se debe a que las del sector eléctrico, en su resistencia al cambio, se hacen cada vez más evidentes. Muchas de estas disfunciones pueden observarse también en el sector gasista. Al fin y al cabo, ambos sectores contienen actividades que son monopolios naturales que requieren de grandes inversiones, y ambos se liberalizaron a finales de los años noventa: lo hizo el mismo gobierno, partiendo de los mismos fundamentos ideológicos, siguiendo formalmente los mismos objetivos y llegando a una estructura similar de funcionamiento. En ambos sectores cada una de las actividades necesarias para el suministro (reguladas y no reguladas) está controlada por unas pocas grandes empresas que están verticalmente integradas. E incluso hasta los más pequeños detalles se pueden discutir en paralelo: como en el sector eléctrico, también en el sector gasista se creó una Tarifa de Último Recurso, con su sistema asociado de subastas; los precios del gas natural para los pequeños consumidores, como el de la electricidad, están entre los más caros de Europa; además, en los últimos años, se ha generado un déficit de tarifa, resultado de una recaudación que se ha mostrado insuficiente para cubrir las inversiones (en muchos casos innecesarias) realizadas por las empresas que participan en el sistema. A este respecto, los dos sectores están además conectados por las centrales eléctricas de ciclo combinado: parte importante del crecimiento de infraestructuras gasistas de los últimos años se debió a la necesidad de dar soporte al gas que utilizarían los nuevos ciclos combinados instalados; con estos en desuso, las infraestructuras gasistas se encuentran con problemas financieros: los propietarios de ciclos combinados cobran pagos por capacidad, a cargo del consumidor eléctrico, mientras que los costes imprevistos debidos a plantas de regasificación infrautilizadas los pagan los consumidores de gas. Los ciclos combinados y las infraestructuras gasistas sin apenas uso, propiedad en ocasiones de los mismos grupos empresariales, dan cuenta de un problema global del sector energético.